IA en el aula: ¿promesa real o repetición de un error histórico?


15 de junio de 2026


Imagen ilustrativa.

Gobiernos de todo el mundo están adoptando a toda velocidad chatbots de IA en las escuelas. Pero los expertos advierten: sin criterio, podríamos estar cometiendo el mismo error del pasado.

En los últimos meses, una serie de anuncios ha llamado la atención de quienes siguen de cerca el mundo educativo. Microsoft cerró un acuerdo para llevar IA a 200.000 estudiantes en los Emiratos Árabes Unidos. Kazajistán firmó un contrato con OpenAI para 165.000 docentes. Y Elon Musk, a través de xAI, anunció un sistema de tutoría con el chatbot Grok para más de un millón de alumnos en El Salvador.


En todos los casos, la justificación es la misma: la IA ahorra tiempo a los profesores, personaliza el aprendizaje y prepara a los jóvenes para el mercado laboral. Pero hay algo en ese discurso que suena familiar.

Esto ya lo hemos vivido

A principios de la década de 2000, el mundo apostó fuerte por el programa One Laptop per Child, la idea de que repartir ordenadores entre niños de países en desarrollo transformaría la educación. Estudios realizados en cientos de escuelas de Perú demostraron que el programa no mejoró ni las habilidades cognitivas ni los resultados académicos. UNICEF fue directa al trazar el paralelismo con el momento actual, al afirmar que «el uso no guiado de sistemas de IA puede descualificar activamente a alumnos y profesores».


A esto se suma una investigación reciente de Microsoft y la Universidad Carnegie Mellon que concluyó que los chatbots más populares pueden debilitar el pensamiento crítico, algo que debería hacer reflexionar a cualquier entusiasta. Y todavía hay más: los ya conocidos problemas de desinformación generada por estos bots y el aumento de las trampas académicas asistidas por IA.

Hay quien está haciendo las cosas de otra manera

No todos los países avanzan sin mirar a los lados. Estonia e Islandia ofrecen un contrapunto interesante. Al constatar que más del 90% de sus alumnos de secundaria ya usaban chatbots para hacer sus tareas, Estonia decidió no prohibir su uso, pero tampoco ofrecer la herramienta sin ningún control. En su lugar, lanzó el programa AI Leap, centrado en la alfabetización crítica en IA, y modificó ChatGPT para que, en lugar de dar respuestas directas, respondiera a las preguntas con otras preguntas, con el objetivo de preservar el razonamiento del estudiante.


Islandia, por su parte, está llevando a cabo un proyecto piloto nacional en el que, por ahora, solo los profesores utilizan los chatbots, con el fin de evaluar los beneficios y los riesgos antes de dar acceso a los estudiantes. Una de las docentes participantes resumió bien el reto al señalar: «Están confiando ciegamente en la IA. Tenemos que enseñarles a aprender con ella.»

Qué significa esto para quienes están en el aula ahora mismo

Todavía no existen estudios sólidos sobre los efectos a largo plazo de los chatbots en niños y adolescentes, porque su adopción ha avanzado más rápido que la investigación. Drew Bent, representante de Anthropic en el área de educación, reconoció que las herramientas de IA utilizadas en las escuelas deben evaluarse en función de resultados concretos de aprendizaje, y que todavía queda mucho por descubrir sobre lo que realmente funciona.


Para los profesores, esto significa que el criterio propio sigue siendo insustituible, también a la hora de evaluar lo que produce la IA. Para los alumnos, significa que la habilidad más valiosa quizás no sea saber usar un chatbot, sino saber cuándo no confiar en él.

Lee aquí el reportaje original, en inglés, del New York Times.  


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